
Quien ve «vaciado gratis» en un anuncio suele pensar lo mismo, y con razón: el equipo cobra, la furgoneta gasta gasoil y la deixalleria no regala nada, así que alguien tiene que pagar la jornada. La respuesta existe y no tiene trampa. Es una resta entre lo que cuesta sacar el contenido y lo que ese contenido vale una vez fuera, y puedes hacerla tú mismo con tu casa delante antes de escribirnos.
En esta entrada desmontamos esa resta pieza a pieza, tal como la aplicamos cuando abrimos un vídeo grabado en Palafrugell. La idea es que llegues a nuestro WhatsApp sabiendo ya en qué fijarte, qué grabar y qué respuesta es probable que recibas.
De dónde sale el dinero que sostiene una jornada de vaciado
Lo que cuesta un vaciado se reparte en cuatro gastos que se pueden señalar con el dedo. Está el tiempo de las personas que suben y bajan. Están los trayectos de la furgoneta hasta cada destino. Está el trabajo de clasificar y entregar cada material donde toca. Y están las tasas que cobra la planta por lo que llega a peso. Ninguno es misterioso y todos se calculan antes de empezar.
Al otro lado de la balanza va el dinero que genera lo que sale: lo que se vende, lo que alguien reutiliza, el metal que se cobra al peso. Si esa cantidad alcanza a la primera, no hay nada que cobrar y así te lo decimos. Si se queda corta, la distancia entre las dos se convierte en el importe del encargo, y te la enseñamos desglosada el mismo día de la valoración.
La columna que suma: lo que todavía encuentra comprador
En las casas de Palafrugell la columna buena suele llenarse con piezas muy concretas: aparadores y armarios de madera de verdad, cómodas de otra época, radiadores de fundición, metros de tubería de cobre de una instalación antigua, grifos de latón, alguna máquina de coser con su mueble, bancos de carpintero, bicicletas y electrodomésticos que todavía funcionan.
Esas cosas se venden bien en el Baix Empordà, donde hay tiendas de segunda mano y restauradores que buscan justo ese tipo de mueble, y su valor es el que paga las horas. De ahí una paradoja que sorprende: un piso pequeño lleno de muebles buenos puede vaciarse gratis, y una casa el doble de grande con cuatro cosas sin valor puede no llegar.
La columna que se abona a peso en la planta
En la otra columna va lo que solo acepta la planta de tratamiento y se paga por kilos. En la costa suele ser mueble de aglomerado deformado por el salitre, colchones hundidos, moquetas, inodoros rotos y los sacos de escombro que alguien dejó en el patio después de una obra.
Si hay poco, la resta sigue saliendo a favor y no pagas. Si esos restos llenan media casa, los verás como línea independiente del presupuesto, con el peso estimado y el precio por tonelada, de manera que quede claro cuánto es trabajo del equipo y cuánto es tasa de vertedero.
Cada tramo de escalera se convierte en jornal
El acceso vertical es el siguiente factor. Si la finca tiene ascensor o la vivienda está a pie de calle o en un primero, los muebles bajan casi sin pausa: el carro va y viene, el colchón cabe en la cabina y el equipo mantiene un ritmo que permite terminar en un solo día.
Sin cabina y a partir del segundo piso, el trabajo cambia de naturaleza. Los armarios se desmontan antes de bajar, los somieres se doblan en el rellano y cada caja de la golfa baja en brazos, una detrás de otra. En una casa cerca de Plaça Nova esa diferencia puede suponer varias horas más, y esas horas aparecen en el presupuesto con su importe.
Dónde puede aguardar la furgoneta cambia el resultado
El acceso tiene una segunda parte que se decide en la calle. En las calles estrechas del casco y en los tramos peatonales con horario de carga, la furgoneta se queda donde puede y cada mueble recorre a pie la distancia que falta, tantas veces como bultos haya en la casa.
Hacia Calella de Palafrugell y Tamariu, la cuesta de las calles que bajan al agua añade esfuerzo a ese trayecto. En el Vilar, en Can Mario o a lo largo de Torres Jonama sucede lo contrario: aceras amplias, zona de carga cerca y el vehículo aparcado frente a la puerta, de modo que el acarreo casi desaparece.
Tres casas parecidas y tres respuestas distintas
Primer caso: un tercer piso en Torres Jonama, con ascensor, un comedor completo, la lavadora en marcha y un trastero con dos bicicletas y chatarra. Hay valor, hay cabina y la furgoneta para delante, así que no se cobra nada y la respuesta ocupa un par de líneas.
Segundo caso: una casa de tres plantas en el Nucli Antic cuya golfa sigue llena de cascotes de una obra antigua. En este caso sí toca pagar una parte, y la justificamos con dos datos: las horas de escalera y el peso para vertedero. Tercer caso: una casa de Llofriu con era, cobertizo, arcones, aperos y hierro viejo. Es enorme, pero el metal y los muebles sólidos compensan, y la furgoneta llega hasta el portalón, de modo que vuelve a salir gratis.
Cómo mirar tu propia casa antes de escribirnos
Puedes anticipar el resultado con tres preguntas, en este orden. ¿Qué hay aquí que otra persona querría usar o comprar? ¿Qué parte solo sirve para llevarla al vertedero? ¿Cuántos escalones y cuántos metros hay entre la puerta y el lugar donde puede parar un vehículo?
Si respondes con sinceridad, tendrás una idea bastante aproximada, y el vídeo que nos envíes la confirmará o la corregirá en pocas horas. Nosotros hacemos exactamente ese mismo razonamiento cuando vemos tus imágenes, por eso es raro que nuestra respuesta te sorprenda.
Qué forma tiene el compromiso que recibes
Si las tres condiciones se cumplen, te enviamos por escrito que el vaciado no te costará nada, y lo hacemos antes de mover un solo mueble; ese texto puedes guardarlo y compartirlo con tus hermanos. Si alguna falla, el mensaje señala el tramo concreto y separa sus horas, sus trayectos y sus tasas.
No hay más secreto que ese: la cuenta completa, a la vista desde el primer mensaje. Si quieres, consulta qué incluye el encargo, repasa en qué núcleos trabajamos o envíanos tu vídeo desde contacto.